Seis hombres arden como una antorcha medieval en la plaza de Ivirgarzama, la capital productora de hoja de coca y centro del narcotráfico en Bolivia. Cientos de vecinos los golpearon con palos antes de bañarlos con gasolina y prenderles fuego, acusándolos de haber robado un camión del siglo pasado. Bolivia ostenta el macabro ranking de linchamientos a manos de civiles. Es un estado donde la justicia y la seguridad ciudadana se asumen por cuenta propia y a golpe de manada.

Esta es la premisa de Tribus de la Inquisición, un documental de Mabel Lozano basado en la crónica de Roberto Navia que ha estado nominado a los premios Goya como Mejor Corto Documental.

Concretamente, la cinta narra un brutal linchamiento de presuntos ladrones ocurrido en junio 2013 en Ivirgazama, una pequeña localidad boliviana. Se trata de una actividad al margen de la ley, que sorprende por su crudeza en pleno siglo XXI y que deja impunes a los agresores y en situación de desamparo social e institucional a las víctimas y a sus familiares.

Bolivia es el segundo país con mayor cantidad de linchamientos en el continente después de Guatemala. En el año 2015, se registraron 32 casos de linchamiento, de los cuales el 90% quedaron impunes.

Los derechos humanos son pisoteados cada vez que una persona muere a manos de la furia colectiva, por eso se debe aplaudir que proyectos como el documental ‘Tribus de la Inquisición’ hagan de ella, a través de la denuncia, un tema de preocupación universal que debe ser revertida a un juicio justo y al fortalecimiento del Estado de Derecho.